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Luis Alberto Amado

Mi nombre es Luis Alberto Amado y vivo en Lima, Perú. Pasé diez años ejerciendo mi profesión como arquitecto y, aunque me iba bien económicamente, vivía con una eterna sensación de inconformidad, como si algo me faltara.

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El miedo, ¿bueno o malo?

El miedo no es una emoción a la que hay que tenerle miedo. Nos ayuda a cuidarnos y a cuidar y si le prestamos atención también nos puede mostrar el camino hacia nuestras metas. El miedo nos muestra de que estamos hechos y cómo reaccionaremos a situaciones difíciles que requieren de nuestra valentía: o lo atravesamos o nos vamos para el otro lado y nos alejamos. Cual es correcta: depende para dónde queremos ir.

Cuando era niño, recuerdo que estábamos mis hermanos y yo en casa de unos amigos de mis padres, no recuerdo muy bien ese día, lo que si recuerdo es estar en un círculo con varios amigos alrededor de un gran perro, un pastor alemán. Todos le recibíamos la pata que nos levantaba uno a uno, yo estaba algo nervioso porque para mí existía la posibilidad de que muerda a alguien pero los dueños de casa nos decían que no hacía nada, decidimos confiar.

Luego de un rato de seguir haciendo lo mismo decidí volver donde estaban mis padres y al levantarme pude ver como el perro saltaba hacia mí, sentí un miedo profundo y todo me paso por la cabeza, me agarro la pantorrilla y comenzó a sacudirse de una lado a otro, en ese momento yo me veía en el hospital sin pierna y con mucho dolor. Ustedes se pueden preguntar, ¿sin pierna? Si, así me imaginaba, sin pierna.

Entonces volteé y comencé a patearlo en el hocico una y otra vez hasta que me soltó. Mi pantorrilla quedo toda ensangrentada, me llevaron al hospital rápidamente y recibí muchos puntos en la herida, tantos que hasta hoy tengo la cicatriz.

Lo que quiero mostrarles con esta historia es que el miedo aparece en cada uno de nosotros cuando sentimos o creemos que hay algo importante que podemos perder a futuro y que eso que podríamos perder normalmente no es real sino más bien es una de las infinitas posibilidades que existen. Y generalmente elegimos la más catastrófica.

Lo importante acá es que podemos y tenemos la capacidad de hacernos cargo de que eso que creemos que perderemos no lo perdamos así como yo comencé a patear el hocico del perro para no perder la pierna, el miedo me impulsó a defenderme.

Les voy a contar otra historia. Hace ya varios años me dedicaba a la construcción, tenía una inmobiliaria, no me iba mal, de hecho estaba creciendo y ganaba buen dinero. Sin embargo no estaba satisfecho dedicándome a eso por varias razones que les contare en otro momento. En el año 2009 tome la decisión de dejar la construcción y buscar algo que me apasionara, yo sabía que tenía que ver con el servicio, con ayudar a otros a ser mejores personas y encontré el coaching.

Mientras estudiaba coaching, en el año 2010, sabiendo que al terminar ya me tocaba cumplir mi promesa y comenzar de cero, me dio pánico, vivía asustado de lo que me podría pasar si es que mis planes no resultaban como yo esperaba, y me preguntaba: ¿Qué es lo que podría perder para sentir tanto miedo? La respuesta era obvia; mi estabilidad económica. Para vencer ese miedo tuve que arriesgarme y atreverme a comenzar.

Descubrí que todo lo que pensaba en ese momento no era real, veía todas las posibilidades que no me funcionarían y  perdí de vista la razón por la que comenzó todo esto. 

El miedo me ayudó a recordar el para qué de lo que estaba haciendo y me mostró exactamente hacia donde ir para llegar a mi meta. Justamente hacia donde tenía miedo de ir. Escucha a Tu Miedo, Te cuida.

Para terminar este artículo quisiera redondear resumiendo  lo que he aprendido sobre el miedo en mi camino de vida:

  • El miedo nos ayuda a defendernos y a defender lo que nos importa y a los que nos importan.
  • El miedo nos da cuenta de una posible pérdida futura y nos muestra lo que es importante para nosotros que no queremos perder.
  • El miedo nos muestra el camino hacia donde estoy queriendo ir.
  • Nos enseña que es ser valiente porque sin miedo la valentía no existiría.

Hasta la próxima.

Luis Alberto

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